sábado, 23 de enero de 2010

Temple

Río tanto pero no estoy contento.
Odio tanto pero no estoy contento.
Las ganas de vengarme se reflejan
entre mis pestañas erizadas
y el hinchazón de mis pómulos rojizos.

Noche tras noche voy dejando en el silencio
la verdad que sólo algunos esperan.
Amigos o enemigos los tendré que vencer,
me digo con el alma partida,
con la voluntad indecisa y hastiada.

Tengo harto papel blanqueado.
Palabras que dan vueltas en mi mente cansada.
El juicio de mi verbo me irrita
no sabiendo lo que como fuego de un cráter
de mi pecho debo pronto extraer.

Y voy dejando pasar las lunas amarillas.
Las estrellas blancas que me miran desfilando.
Allá, entre las miles de galaxias contorneadas
junto a los sueños que he vivido llorando.

No estaré contento ni tranquilo.
Carcomido de tal odio, de tal venganza
mis puños temblorosos buscarán sin remedio
el rostro de ese falso compañero.

No estaré contento y seguiré callando
porque el silencio es para mí la fortaleza.
Podrán quejarse, amenazarme, y ofenderme.
Podrán burlarse y ante todos humillarme.
Mas cuando vean en mi sangre la verdad,
sabrán de mí,
de lo que sé,
sabrán por qué golpeado no he caído
¡ Por qué he vencido!

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