Me acordé de ti,
un día de invierno lluvioso.
De ti.
De tus labios dulces cantando.
Me acordé de tu mirada.
No te imaginas cuánto la odié
en las veces que asegurabas amarme
aun sabiendo que todo terminaba.
Me acordé de tus gestos.
De lo mucho que decías ser sincera.
De la primera sonrisa.
Tan tierna y tan apática a la vez.
Me acordé de tus palabras.
De tus consejos de vida liberal.
De tu gozo insensible
viéndome sufrir en la distancia.
Me acordé de ti.
De los momentos especiales arruinados.
De tus celos inventados.
De esa pared de sentimientos falsos.
Me acordé de nuestras noches.
De tu miedo a mostrarte desnuda.
De la soledad en el sexo.
De la frialdad para el deseo.
Me acordé de nuestros días.
De la triste realidad que yo vivía.
De mi enojo repetido y callado
al ver la casa tan vacía.
Me acordé de ti.
De tus lágrimas cayendo aquella tarde.
Las que nunca creí que existían.
Y para ellas escribí estos versos.
Entonces reí,
reí tanto al verte derrotada.
Entonces viví
diciendo adiós para siempre a tus recuerdos.
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