jueves, 28 de enero de 2010

Represión OH

Ayer vino Dios a ver mi casa.
Estaba yo tan ebrio, tan cansado.
No lo vi.

Vino según cuentan con la esperanza bajo el brazo.
No usó una copiadora ni el famoso Internet.
Lo trajo en los dibujos de mi hijo.
En esos tantos garabatos que había hecho para mi.

Ayer vino Dios, ¡ vino el Demonio !
No sé quién vino.
No sé a quién le abrí la puerta.
¡ Sólo la abrí !

Estaba tan claro todo.
Tan oscuro a la vez.
No recuerdo ya mucho.
Sólo que en medio de mi embriaguez gritaba tanto.

¿ Estaría Dios allí junto conmigo ?
¿ Estaría el Demonio cerca sentándose a tomar ?
¿ Estaría yo dispuesto a terminar con mi vida lentamente ?

No lo sé, ¡ No lo sé !

Seguía tan ebrio y cansado.
Quería alcanzar la puerta pronto.
Abrazar a quien fuese.
Pero no tuve la visión.
¡ No tuve piernas !

Caía y caía en el frío piso
hasta llegar al sillón de mis lamentos.
La puerta se cerraba y él se iba.
Se fue sin escuchar mi explicación.

Confundido, con el corazón destrozado.
Vomitando, con el alma dando pena.
Suplicaba con gritos y llanto su regreso.
El perdón de mis errores incontables.

¡ Ayer !, ¡ Fue ayer !
Que inútil
Vino Dios, no vino el Demonio.
No vino a ver mi casa, vino a verme a mi
¡ Era mi hijo !

No hay comentarios:

Publicar un comentario