En un rincón pequeño de mi mente
busco tu rostro para lastimarme
para pintar el paisaje mas bello que hallé en mi vida,
tus ojos verdes.
Cual crayola por la mano de un niño
dan color a mi esperanza y a los sueños que un día en ellos abandoné.
Fueron mi vida
los miles de tropiezos, la cobardía, el recuerdo en mi balcón
Ahora con los años en mi mano
me paro frente a ti y te digo lo tanto que te amo.
Si,
no servirá de nada buscar otra mirada y escoger,
Estando todo el tiempo seducido por tu encanto
tus ojos verdes,
han sido para mi más que un infierno,
que una caricia de Dios.
viernes, 29 de enero de 2010
jueves, 28 de enero de 2010
Represión OH
Ayer vino Dios a ver mi casa.
Estaba yo tan ebrio, tan cansado.
No lo vi.
Vino según cuentan con la esperanza bajo el brazo.
No usó una copiadora ni el famoso Internet.
Lo trajo en los dibujos de mi hijo.
En esos tantos garabatos que había hecho para mi.
Ayer vino Dios, ¡ vino el Demonio !
No sé quién vino.
No sé a quién le abrí la puerta.
¡ Sólo la abrí !
Estaba tan claro todo.
Tan oscuro a la vez.
No recuerdo ya mucho.
Sólo que en medio de mi embriaguez gritaba tanto.
¿ Estaría Dios allí junto conmigo ?
¿ Estaría el Demonio cerca sentándose a tomar ?
¿ Estaría yo dispuesto a terminar con mi vida lentamente ?
No lo sé, ¡ No lo sé !
Seguía tan ebrio y cansado.
Quería alcanzar la puerta pronto.
Abrazar a quien fuese.
Pero no tuve la visión.
¡ No tuve piernas !
Caía y caía en el frío piso
hasta llegar al sillón de mis lamentos.
La puerta se cerraba y él se iba.
Se fue sin escuchar mi explicación.
Confundido, con el corazón destrozado.
Vomitando, con el alma dando pena.
Suplicaba con gritos y llanto su regreso.
El perdón de mis errores incontables.
¡ Ayer !, ¡ Fue ayer !
Que inútil
Vino Dios, no vino el Demonio.
No vino a ver mi casa, vino a verme a mi
¡ Era mi hijo !
Estaba yo tan ebrio, tan cansado.
No lo vi.
Vino según cuentan con la esperanza bajo el brazo.
No usó una copiadora ni el famoso Internet.
Lo trajo en los dibujos de mi hijo.
En esos tantos garabatos que había hecho para mi.
Ayer vino Dios, ¡ vino el Demonio !
No sé quién vino.
No sé a quién le abrí la puerta.
¡ Sólo la abrí !
Estaba tan claro todo.
Tan oscuro a la vez.
No recuerdo ya mucho.
Sólo que en medio de mi embriaguez gritaba tanto.
¿ Estaría Dios allí junto conmigo ?
¿ Estaría el Demonio cerca sentándose a tomar ?
¿ Estaría yo dispuesto a terminar con mi vida lentamente ?
No lo sé, ¡ No lo sé !
Seguía tan ebrio y cansado.
Quería alcanzar la puerta pronto.
Abrazar a quien fuese.
Pero no tuve la visión.
¡ No tuve piernas !
Caía y caía en el frío piso
hasta llegar al sillón de mis lamentos.
La puerta se cerraba y él se iba.
Se fue sin escuchar mi explicación.
Confundido, con el corazón destrozado.
Vomitando, con el alma dando pena.
Suplicaba con gritos y llanto su regreso.
El perdón de mis errores incontables.
¡ Ayer !, ¡ Fue ayer !
Que inútil
Vino Dios, no vino el Demonio.
No vino a ver mi casa, vino a verme a mi
¡ Era mi hijo !
Destino
Entre alarmas y bocinas que no terminan de aturdirme
te mando un beso, un "te quiero",
el deseo más sincero de felicidad.
Sé que estas en casa ansiosa, esperando por mi,
¡ Lo sé !
Esta vez no me lo perdonarás.
Te compré rosas rojas, ¡ tus preferidas!.
Tus chocolates suizos son con almendra, ¡ los probé!
En la foto que tengo en la guantera te ves tan linda, tan hermosa.
La he mirado
Dios, ya ni sé cuántas veces.
Recuerdo que me dijiste mentiroso y que te fuiste la otra vez.
Que ésta era la última oportunidad para volver.
Si, sé que hoy usas el vestido rojo que te dí
y que la cena, ésta cena
iba a hacer a nuestra noche mágica y hermosa.
¡ Perdóname !
Si sirve de algo que te lo pida aunque no,
no podrás creerme.
Te he fallado en un millón de veces y hasta más.
Te he dicho tanto que lo siento
y en ninguna de las veces que te lo dije merecí tu compasión.
Hoy estoy aquí cuando debía de estar allá, a tu lado.
Se ha hecho tarde y ningún auto se ha movido.
Una ambulancia veo venir apresurada
como tu tierna sonrisa a mi mente,
los momentos juntos,
como la lágrima que cae a mi mejilla al ver en mi todo perdido.
Si quieres, puedes odiarme.
¡ Rompe todo !, ¡Grita !, ¡ Maldíceme !
Me lo merezco, sabes.
¡ He sido tan imbécil !
Mariposa de papel.
Ver la luna blanca es tan maravilloso.
Allá, sobre el edificio más alto de la ciudad
la veo irse para siempre de mis ojos.
Vuelvo a oír el ruido de la ambulancia.
Esta vez al fin todos los autos se mueven.
Desde esta extraña oscuridad, con tanto frío en el cuerpo te doy gracias,
¡ mil gracias por todo, amor !
contigo....
fui muy feliz.
te mando un beso, un "te quiero",
el deseo más sincero de felicidad.
Sé que estas en casa ansiosa, esperando por mi,
¡ Lo sé !
Esta vez no me lo perdonarás.
Te compré rosas rojas, ¡ tus preferidas!.
Tus chocolates suizos son con almendra, ¡ los probé!
En la foto que tengo en la guantera te ves tan linda, tan hermosa.
La he mirado
Dios, ya ni sé cuántas veces.
Recuerdo que me dijiste mentiroso y que te fuiste la otra vez.
Que ésta era la última oportunidad para volver.
Si, sé que hoy usas el vestido rojo que te dí
y que la cena, ésta cena
iba a hacer a nuestra noche mágica y hermosa.
¡ Perdóname !
Si sirve de algo que te lo pida aunque no,
no podrás creerme.
Te he fallado en un millón de veces y hasta más.
Te he dicho tanto que lo siento
y en ninguna de las veces que te lo dije merecí tu compasión.
Hoy estoy aquí cuando debía de estar allá, a tu lado.
Se ha hecho tarde y ningún auto se ha movido.
Una ambulancia veo venir apresurada
como tu tierna sonrisa a mi mente,
los momentos juntos,
como la lágrima que cae a mi mejilla al ver en mi todo perdido.
Si quieres, puedes odiarme.
¡ Rompe todo !, ¡Grita !, ¡ Maldíceme !
Me lo merezco, sabes.
¡ He sido tan imbécil !
Mariposa de papel.
Ver la luna blanca es tan maravilloso.
Allá, sobre el edificio más alto de la ciudad
la veo irse para siempre de mis ojos.
Vuelvo a oír el ruido de la ambulancia.
Esta vez al fin todos los autos se mueven.
Desde esta extraña oscuridad, con tanto frío en el cuerpo te doy gracias,
¡ mil gracias por todo, amor !
contigo....
fui muy feliz.
Mirada en Rojo
Miré tus ojos en rojo, queriéndome.
Me suplicaste un beso, un abrazo, un silencio.
Donde el marchito color de la aurora fallece
junto al lejano canto del viento y de las olas.
Miré tus ojos, tu boca,
tu cabello negro empapado de lluvia,
tus pechos erguidos, tu cuerpo desnudo,
tu pureza ofrecida sobre mi cama en penumbra.
Te dije, "te quiero", y tu no me oíste.
Te dí tanto de mí y no estabas contenta.
Te acaricié y te besé sin darme descanso.
Me consumí en tu piel hasta quererme morir.
Pensar que estabas de mi tan enamorada.
Que por ti olvidé dónde estaba mi vida.
Pensar que negué por amarte tantas cosas,
mi corazón, mi alma, ¡ a Dios!
Qué difícil es, conteniendo la mirada,
ahora entiendo, decirlo todo.
Después la mañana, el sol en el rostro.
Después, el miedo, la soledad en los ojos.
Miré los tuyos en rojo de nuevo.
Nos dimos tanto silencio.
Te lloré teniéndote en mis brazos, te supliqué.
"¡ Quedate!", te dije, con la voz entrecortada.
"No regreses a la vida del mundo otra vez a perderte".
Tú, sin oír más palabra, me dijiste adiós.
Hoy han pasado casi dos años.
Ninguna llamada, ninguna foto, ningún mensaje.
No sé si recuerdas cuántas cosas te dí.
Cuántas cosas dejaste incluyendo tu pena.
No sé si de algo me pueda servir,
con todo el deseo de que vuelvas a mi lado,
aceptar que ha sido todo mi culpa,
decirte, con la mano en el corazón
amor.....que lo siento tanto.
Me suplicaste un beso, un abrazo, un silencio.
Donde el marchito color de la aurora fallece
junto al lejano canto del viento y de las olas.
Miré tus ojos, tu boca,
tu cabello negro empapado de lluvia,
tus pechos erguidos, tu cuerpo desnudo,
tu pureza ofrecida sobre mi cama en penumbra.
Te dije, "te quiero", y tu no me oíste.
Te dí tanto de mí y no estabas contenta.
Te acaricié y te besé sin darme descanso.
Me consumí en tu piel hasta quererme morir.
Pensar que estabas de mi tan enamorada.
Que por ti olvidé dónde estaba mi vida.
Pensar que negué por amarte tantas cosas,
mi corazón, mi alma, ¡ a Dios!
Qué difícil es, conteniendo la mirada,
ahora entiendo, decirlo todo.
Después la mañana, el sol en el rostro.
Después, el miedo, la soledad en los ojos.
Miré los tuyos en rojo de nuevo.
Nos dimos tanto silencio.
Te lloré teniéndote en mis brazos, te supliqué.
"¡ Quedate!", te dije, con la voz entrecortada.
"No regreses a la vida del mundo otra vez a perderte".
Tú, sin oír más palabra, me dijiste adiós.
Hoy han pasado casi dos años.
Ninguna llamada, ninguna foto, ningún mensaje.
No sé si recuerdas cuántas cosas te dí.
Cuántas cosas dejaste incluyendo tu pena.
No sé si de algo me pueda servir,
con todo el deseo de que vuelvas a mi lado,
aceptar que ha sido todo mi culpa,
decirte, con la mano en el corazón
amor.....que lo siento tanto.
Mesa Redonda en Llamas
Mira los colores mundo
de la comprensión, de la voluntad.
Mira cómo se vuelven eternas:
tu promesa de dar el consejo,
tu bendita bendición,
tu "nunca más".
Ayer, por última vez
la llama de colores encendida.
Despertaron las risas, hubo baile,
hubo música sin fin por días.
Ayer, cantos hermanos
gritos de dolor los reemplazaban.
Vidas con futuro consumidas.
La llama se volvía roja,
¡ la llama amarillenta !
No vi mas tránsito en la calle.
No vi familias comprando, riendo.
No vi policías, ladrones
ni vendedores rondando,
sólo paredes derrumbarse,
chispas de luz en el cielo,
gritos que no eran cantos.
Ayer, las explosiones,
las sirenas, la gente impertinente,
el agua escasa, el caos vehicular,
el heroísmo luchando en el infierno.
Ayer, la autoridad
consternada a la llama prohibía.
Los periodistas, las primeras planas,
los retratos con las lágrimas en alto.
No hubo suerte para muchos.
Para uno, para diez, para más de cien.
Las horas aumentaron los cuerpos.
El fuego se llevó los nombres.
Mas con el humo y las cenizas al final sólo quedó,
entre el dolor y el horror,
la enseñanza.
de la comprensión, de la voluntad.
Mira cómo se vuelven eternas:
tu promesa de dar el consejo,
tu bendita bendición,
tu "nunca más".
Ayer, por última vez
la llama de colores encendida.
Despertaron las risas, hubo baile,
hubo música sin fin por días.
Ayer, cantos hermanos
gritos de dolor los reemplazaban.
Vidas con futuro consumidas.
La llama se volvía roja,
¡ la llama amarillenta !
No vi mas tránsito en la calle.
No vi familias comprando, riendo.
No vi policías, ladrones
ni vendedores rondando,
sólo paredes derrumbarse,
chispas de luz en el cielo,
gritos que no eran cantos.
Ayer, las explosiones,
las sirenas, la gente impertinente,
el agua escasa, el caos vehicular,
el heroísmo luchando en el infierno.
Ayer, la autoridad
consternada a la llama prohibía.
Los periodistas, las primeras planas,
los retratos con las lágrimas en alto.
No hubo suerte para muchos.
Para uno, para diez, para más de cien.
Las horas aumentaron los cuerpos.
El fuego se llevó los nombres.
Mas con el humo y las cenizas al final sólo quedó,
entre el dolor y el horror,
la enseñanza.
sábado, 23 de enero de 2010
El Huracán
Hay veces,
cierro mis ojos casi involuntariamente.
De miedo.
Apenas logro contener el dolor tras los golpes.
¡La impotencia es tanta!
Hay veces,
grita y grita tanto sin parecer cesar.
Yo me escondo.
De miedo.
Bajo mi cama espero rezando el final del infierno.
¡Es el Huracán!
El que me dio la vida y hoy me esta deseando la muerte.
Es ese humano transformado.
Agigantado por una cruel inconsciencia.
De vientos rápidos y fuertes es.
De vientos
que llegan y azotan nuestras espaldas,
nuestros rostros y miembros.
Tan querido y tan ciego es.
Imposible contrariarlo porque mata.
Se alimenta de amenazas y de caprichos violentos
por sólo mostrarnos quién manda y quién decide.
Cuando llega muy tarde a casa
después de llorar, mamá me esconde y ella lo espera.
Lo ve, lo contiene,
temblando lo acaricia.
Mamá......¡ es tan valiente !
Después, muy después,
el Huracán continua con su obra infernal.
Primero, grita
luego agrede.
Mamá lo acepta siempre así y yo me escondo
cobarde a llorar.
Hoy cumplo un año más de vida y sin quererlo
después de tiempo con un sentimiento muy profundo lo vuelvo a recordar.
Entonces cierro mis ojos
casi involuntariamente
y le digo a Dios :
gracias, muchas gracias por quererme,
por olvidarme tanto,
por no estar aquí.
cierro mis ojos casi involuntariamente.
De miedo.
Apenas logro contener el dolor tras los golpes.
¡La impotencia es tanta!
Hay veces,
grita y grita tanto sin parecer cesar.
Yo me escondo.
De miedo.
Bajo mi cama espero rezando el final del infierno.
¡Es el Huracán!
El que me dio la vida y hoy me esta deseando la muerte.
Es ese humano transformado.
Agigantado por una cruel inconsciencia.
De vientos rápidos y fuertes es.
De vientos
que llegan y azotan nuestras espaldas,
nuestros rostros y miembros.
Tan querido y tan ciego es.
Imposible contrariarlo porque mata.
Se alimenta de amenazas y de caprichos violentos
por sólo mostrarnos quién manda y quién decide.
Cuando llega muy tarde a casa
después de llorar, mamá me esconde y ella lo espera.
Lo ve, lo contiene,
temblando lo acaricia.
Mamá......¡ es tan valiente !
Después, muy después,
el Huracán continua con su obra infernal.
Primero, grita
luego agrede.
Mamá lo acepta siempre así y yo me escondo
cobarde a llorar.
Hoy cumplo un año más de vida y sin quererlo
después de tiempo con un sentimiento muy profundo lo vuelvo a recordar.
Entonces cierro mis ojos
casi involuntariamente
y le digo a Dios :
gracias, muchas gracias por quererme,
por olvidarme tanto,
por no estar aquí.
Un Lugar para mí
Aparece, aparece, lejana e infinita,
la luz del horizonte prometido.
Esta mirando mi ventana y enseña
mis sendas futuras, mi destino.
Aun yo entre cadenas celestes
mañanas largas le sigo suspirando.
Pienso en mí, en la vida y en tantas cosas
ahogando mis deseos de libertad.
¡Soy feliz!, ¡Lo juro!, ¡Lo soy!
Mas preso de mis antojos no me invaden
las risas, la dicha de mis parientes.
Encerrado en mi silencio sigo versando.
Las palabras que escribo son lágrimas.
Son hielo que se derrite a la luz candente.
Son piedras de un granizo de acero
que caen hiriendo, matando y destruyendo.
Muy exiliado de mi mundo, de la gente,
pienso en casa como si fuera un lugar vacío.
Los sentimientos tienen ojos, tienen piernas.
Caminan por mí y no los veo.
¡Quiero salir!, ¡Quiero ser libre!, Mas las voces
siguen hablando, siguen riendo.
Quiero quizás un lugar para mi solo.
Quiero, no sé, tal vez.......
un lugar para poder llorar.
la luz del horizonte prometido.
Esta mirando mi ventana y enseña
mis sendas futuras, mi destino.
Aun yo entre cadenas celestes
mañanas largas le sigo suspirando.
Pienso en mí, en la vida y en tantas cosas
ahogando mis deseos de libertad.
¡Soy feliz!, ¡Lo juro!, ¡Lo soy!
Mas preso de mis antojos no me invaden
las risas, la dicha de mis parientes.
Encerrado en mi silencio sigo versando.
Las palabras que escribo son lágrimas.
Son hielo que se derrite a la luz candente.
Son piedras de un granizo de acero
que caen hiriendo, matando y destruyendo.
Muy exiliado de mi mundo, de la gente,
pienso en casa como si fuera un lugar vacío.
Los sentimientos tienen ojos, tienen piernas.
Caminan por mí y no los veo.
¡Quiero salir!, ¡Quiero ser libre!, Mas las voces
siguen hablando, siguen riendo.
Quiero quizás un lugar para mi solo.
Quiero, no sé, tal vez.......
un lugar para poder llorar.
Temple
Río tanto pero no estoy contento.
Odio tanto pero no estoy contento.
Las ganas de vengarme se reflejan
entre mis pestañas erizadas
y el hinchazón de mis pómulos rojizos.
Noche tras noche voy dejando en el silencio
la verdad que sólo algunos esperan.
Amigos o enemigos los tendré que vencer,
me digo con el alma partida,
con la voluntad indecisa y hastiada.
Tengo harto papel blanqueado.
Palabras que dan vueltas en mi mente cansada.
El juicio de mi verbo me irrita
no sabiendo lo que como fuego de un cráter
de mi pecho debo pronto extraer.
Y voy dejando pasar las lunas amarillas.
Las estrellas blancas que me miran desfilando.
Allá, entre las miles de galaxias contorneadas
junto a los sueños que he vivido llorando.
No estaré contento ni tranquilo.
Carcomido de tal odio, de tal venganza
mis puños temblorosos buscarán sin remedio
el rostro de ese falso compañero.
No estaré contento y seguiré callando
porque el silencio es para mí la fortaleza.
Podrán quejarse, amenazarme, y ofenderme.
Podrán burlarse y ante todos humillarme.
Mas cuando vean en mi sangre la verdad,
sabrán de mí,
de lo que sé,
sabrán por qué golpeado no he caído
¡ Por qué he vencido!
Odio tanto pero no estoy contento.
Las ganas de vengarme se reflejan
entre mis pestañas erizadas
y el hinchazón de mis pómulos rojizos.
Noche tras noche voy dejando en el silencio
la verdad que sólo algunos esperan.
Amigos o enemigos los tendré que vencer,
me digo con el alma partida,
con la voluntad indecisa y hastiada.
Tengo harto papel blanqueado.
Palabras que dan vueltas en mi mente cansada.
El juicio de mi verbo me irrita
no sabiendo lo que como fuego de un cráter
de mi pecho debo pronto extraer.
Y voy dejando pasar las lunas amarillas.
Las estrellas blancas que me miran desfilando.
Allá, entre las miles de galaxias contorneadas
junto a los sueños que he vivido llorando.
No estaré contento ni tranquilo.
Carcomido de tal odio, de tal venganza
mis puños temblorosos buscarán sin remedio
el rostro de ese falso compañero.
No estaré contento y seguiré callando
porque el silencio es para mí la fortaleza.
Podrán quejarse, amenazarme, y ofenderme.
Podrán burlarse y ante todos humillarme.
Mas cuando vean en mi sangre la verdad,
sabrán de mí,
de lo que sé,
sabrán por qué golpeado no he caído
¡ Por qué he vencido!
Realidad
Se escuchan azotes desde el cuarto adyacente,
lamentos, gritos espantosos.
¿Quién está causando éste martirio?
Pregunto.
De repente la puerta abierta y mis ojos
se cubren de miedo y de intriga.
La imagen que aparece no es muy clara.
¿Quién es?, ¡Quién!
Insisto.
Los nervios y el pánico entrecruzados,
unidos, me transforman totalmente
siendo el cobarde que nunca quise ser.
La imagen, ¿no era acaso muy pequeña?
¿un punto en el horizonte imposible?
Es ahora la amenaza que me causa
el más cruel y horrendo castigo psicológico.
La imagen enorme y confiada de sí misma
se aproxima a donde estoy lentamente.
Ha dejado a ese "alguien" en silencio,
mudo, no sé, quizás muerto.
¿Por qué no respondes a mi duda?
¡Quién eres!, ¡Por favor!, ¡Dímelo ya!
Al no responder mi supuesto verdugo
como una rata recurrí a las sombras.
La imagen se acercó y me miró detenidamente.
Fue tan clara para mí entonces.
Me dijo : A ti no te haré daño si me aceptas.
Traía en su frente, en su pecho y en sus manos su nombre,
se llamaba....Realidad.
lamentos, gritos espantosos.
¿Quién está causando éste martirio?
Pregunto.
De repente la puerta abierta y mis ojos
se cubren de miedo y de intriga.
La imagen que aparece no es muy clara.
¿Quién es?, ¡Quién!
Insisto.
Los nervios y el pánico entrecruzados,
unidos, me transforman totalmente
siendo el cobarde que nunca quise ser.
La imagen, ¿no era acaso muy pequeña?
¿un punto en el horizonte imposible?
Es ahora la amenaza que me causa
el más cruel y horrendo castigo psicológico.
La imagen enorme y confiada de sí misma
se aproxima a donde estoy lentamente.
Ha dejado a ese "alguien" en silencio,
mudo, no sé, quizás muerto.
¿Por qué no respondes a mi duda?
¡Quién eres!, ¡Por favor!, ¡Dímelo ya!
Al no responder mi supuesto verdugo
como una rata recurrí a las sombras.
La imagen se acercó y me miró detenidamente.
Fue tan clara para mí entonces.
Me dijo : A ti no te haré daño si me aceptas.
Traía en su frente, en su pecho y en sus manos su nombre,
se llamaba....Realidad.
Fruit
Arbolito de los Frutos Flojos
soy el fruto malogrado y sin color
que sostenido de tus tallos rojos
vive olvidado sin amigos, sin amor.
Arbolito de los Frutos Flojos
si te acuerdas de mi vida dile al fuego
que por salvarme de la muerte tus antojos
son contemplarlo, son recibirlo luego.
¡Por favor!
No le engañes, no le estés diciendo
a mi corazón ya agusanado de tanto sufrir
que su esperanza se esta extinguiendo,
que no le encuentras una razón para que pueda.....
¿sonreír?
Arbolito de los Frutos Flojos
si sobrevives dile a Dios que siempre nos escucha
que por evitarme aquí en mi alma más enojos
mis fuerzas continúan en la lucha
por vivir.
¿Acaso, acaso no merece navidad mi ramaje marchito y deslucido?
¿Acaso, no merece en soledad
volver a estar contigo y no caído?
¿Por qué, por qué te has olvidado tú de mí?
¿Por qué, ¡Por qué me secas!,
Por qué me alejas de ti?
Hará Dios otro árbol como éste nicho
en donde aún quiera a la vida
como un último capricho.
Hará Dios,
que el agua de la lluvia se acuerde de mí
para que así tú puedas volver
a contemplar al fuego.
Arbolito mío,
Arbolito de los Frutos Flojos,
que hoy le muestras mis lágrimas junto a tus hojas caídas;
tus hojas que tras el otoño han sido
convertidas en cenizas esparcidas
por éste mundo tan lejano y tan prohibido.
Para mí,
para el que se prende de tus tallos sin hablar
eres la única amistad que en ésta vida
le esta ayudando a respirar.
Para mí,
¡Para el que se ha podrido tanto!
Entre gusanos que carcomen eres la calma
que se apiada de mi llanto.
Quieras tú
acordarte y junto a tus frutos cobijarme.
Quieras tú
llegar a verme y con tus hojas abrigarme.
Por sólo amor
si algún día llego a caer de entre tus ramas
pide a Dios un último favor por mí :
saber si cuando escuche que me llamas
voy a poder estar allí
en ese sitio con el que siempre he soñado
entre tus hojas frescas, Arbolito,
entre tus frutos todos tintos, todos flojos...
todos hermosos.
soy el fruto malogrado y sin color
que sostenido de tus tallos rojos
vive olvidado sin amigos, sin amor.
Arbolito de los Frutos Flojos
si te acuerdas de mi vida dile al fuego
que por salvarme de la muerte tus antojos
son contemplarlo, son recibirlo luego.
¡Por favor!
No le engañes, no le estés diciendo
a mi corazón ya agusanado de tanto sufrir
que su esperanza se esta extinguiendo,
que no le encuentras una razón para que pueda.....
¿sonreír?
Arbolito de los Frutos Flojos
si sobrevives dile a Dios que siempre nos escucha
que por evitarme aquí en mi alma más enojos
mis fuerzas continúan en la lucha
por vivir.
¿Acaso, acaso no merece navidad mi ramaje marchito y deslucido?
¿Acaso, no merece en soledad
volver a estar contigo y no caído?
¿Por qué, por qué te has olvidado tú de mí?
¿Por qué, ¡Por qué me secas!,
Por qué me alejas de ti?
Hará Dios otro árbol como éste nicho
en donde aún quiera a la vida
como un último capricho.
Hará Dios,
que el agua de la lluvia se acuerde de mí
para que así tú puedas volver
a contemplar al fuego.
Arbolito mío,
Arbolito de los Frutos Flojos,
que hoy le muestras mis lágrimas junto a tus hojas caídas;
tus hojas que tras el otoño han sido
convertidas en cenizas esparcidas
por éste mundo tan lejano y tan prohibido.
Para mí,
para el que se prende de tus tallos sin hablar
eres la única amistad que en ésta vida
le esta ayudando a respirar.
Para mí,
¡Para el que se ha podrido tanto!
Entre gusanos que carcomen eres la calma
que se apiada de mi llanto.
Quieras tú
acordarte y junto a tus frutos cobijarme.
Quieras tú
llegar a verme y con tus hojas abrigarme.
Por sólo amor
si algún día llego a caer de entre tus ramas
pide a Dios un último favor por mí :
saber si cuando escuche que me llamas
voy a poder estar allí
en ese sitio con el que siempre he soñado
entre tus hojas frescas, Arbolito,
entre tus frutos todos tintos, todos flojos...
todos hermosos.
viernes, 22 de enero de 2010
De Viento y Piedra
Los viernes por la tarde voy a la playa
para sentirme sol
mar y arena.
No soy de los que lloran al ver venir la aurora.
Yo no tengo pena en mi.
Mi corazón es de viento y piedra.
Como la arena, suelo ser deformado.
Sin embargo vuelvo a ser lo mismo siempre,
sabana vasta y humedecida.
Como el mar, suelo cantar libremente
con la brisa que es mi orquesta compañera.
Hay veces en mis olas espumosas
traigo conmigo el recuerdo de un amor.
Como el sol, suelo dormir
después de un día haciendo maravillas.
Mis rayos y mi fulgor cansados
hallan refugio entre la nube y la montaña.
Los viernes suelen ser días tan cortos para mi.
El viento viaja rápido y la piedra no es sólida.
Entonces ya no tengo corazón.
Entonces, la pena vuelve
y te extraño tanto.
para sentirme sol
mar y arena.
No soy de los que lloran al ver venir la aurora.
Yo no tengo pena en mi.
Mi corazón es de viento y piedra.
Como la arena, suelo ser deformado.
Sin embargo vuelvo a ser lo mismo siempre,
sabana vasta y humedecida.
Como el mar, suelo cantar libremente
con la brisa que es mi orquesta compañera.
Hay veces en mis olas espumosas
traigo conmigo el recuerdo de un amor.
Como el sol, suelo dormir
después de un día haciendo maravillas.
Mis rayos y mi fulgor cansados
hallan refugio entre la nube y la montaña.
Los viernes suelen ser días tan cortos para mi.
El viento viaja rápido y la piedra no es sólida.
Entonces ya no tengo corazón.
Entonces, la pena vuelve
y te extraño tanto.
miércoles, 13 de enero de 2010
Las Puertas de la Justicia
Se abren Las Puertas de la Justicia.
Mas no hay justos que las vean.
Están cayendo piedras desde el cielo pasado.
Pero el horizonte existe.
Caen trozos de papel con mensajes escritos.
Mas quien los envía trae la daga escondida.
Están los amigos ahogados por dentro.
Pero la voluntad de la unión prevalece.
Se hacen oscuros: el deber, la misión.
Manchan con sus lineas calladas.
La opción del triunfo en el pecho desfallece.
En falsa tranquilidad se pierde, ¡se queda!
Las puertas, entonces, abiertas por otros,
se van cerrando oxidadas.
La sombra de un traidor,
de un perdedor a sueldo
las mantiene lejanas, ¡imposibles!
Los justos se vuelven contra la mano amiga.
La venden por unas monedas, por ser del montón.
Ya no son justos ahora son fantasmas.
Son seres horrendos que se ríen, que se burlan
de la despedida, del vano intento.
Es cierto que las puertas están.
Es cierto permanecen inmóviles.
Tras ellas el abismo puede existir
siendo mejor que estar dentro.
Los justos ocultan sus rostros.
¡Los pocos justos!
Se marchan derrotados por la impotencia y el silencio
con sus míseras monedas.
Sólo esperan que el tiempo los vengue.
Que por sus pasos puedan volver trayendo
la justicia ansiada,
la bendita justicia esperada.
Mas no hay justos que las vean.
Están cayendo piedras desde el cielo pasado.
Pero el horizonte existe.
Caen trozos de papel con mensajes escritos.
Mas quien los envía trae la daga escondida.
Están los amigos ahogados por dentro.
Pero la voluntad de la unión prevalece.
Se hacen oscuros: el deber, la misión.
Manchan con sus lineas calladas.
La opción del triunfo en el pecho desfallece.
En falsa tranquilidad se pierde, ¡se queda!
Las puertas, entonces, abiertas por otros,
se van cerrando oxidadas.
La sombra de un traidor,
de un perdedor a sueldo
las mantiene lejanas, ¡imposibles!
Los justos se vuelven contra la mano amiga.
La venden por unas monedas, por ser del montón.
Ya no son justos ahora son fantasmas.
Son seres horrendos que se ríen, que se burlan
de la despedida, del vano intento.
Es cierto que las puertas están.
Es cierto permanecen inmóviles.
Tras ellas el abismo puede existir
siendo mejor que estar dentro.
Los justos ocultan sus rostros.
¡Los pocos justos!
Se marchan derrotados por la impotencia y el silencio
con sus míseras monedas.
Sólo esperan que el tiempo los vengue.
Que por sus pasos puedan volver trayendo
la justicia ansiada,
la bendita justicia esperada.
Me Acordé
Me acordé de ti,
un día de invierno lluvioso.
De ti.
De tus labios dulces cantando.
Me acordé de tu mirada.
No te imaginas cuánto la odié
en las veces que asegurabas amarme
aun sabiendo que todo terminaba.
Me acordé de tus gestos.
De lo mucho que decías ser sincera.
De la primera sonrisa.
Tan tierna y tan apática a la vez.
Me acordé de tus palabras.
De tus consejos de vida liberal.
De tu gozo insensible
viéndome sufrir en la distancia.
Me acordé de ti.
De los momentos especiales arruinados.
De tus celos inventados.
De esa pared de sentimientos falsos.
Me acordé de nuestras noches.
De tu miedo a mostrarte desnuda.
De la soledad en el sexo.
De la frialdad para el deseo.
Me acordé de nuestros días.
De la triste realidad que yo vivía.
De mi enojo repetido y callado
al ver la casa tan vacía.
Me acordé de ti.
De tus lágrimas cayendo aquella tarde.
Las que nunca creí que existían.
Y para ellas escribí estos versos.
Entonces reí,
reí tanto al verte derrotada.
Entonces viví
diciendo adiós para siempre a tus recuerdos.
un día de invierno lluvioso.
De ti.
De tus labios dulces cantando.
Me acordé de tu mirada.
No te imaginas cuánto la odié
en las veces que asegurabas amarme
aun sabiendo que todo terminaba.
Me acordé de tus gestos.
De lo mucho que decías ser sincera.
De la primera sonrisa.
Tan tierna y tan apática a la vez.
Me acordé de tus palabras.
De tus consejos de vida liberal.
De tu gozo insensible
viéndome sufrir en la distancia.
Me acordé de ti.
De los momentos especiales arruinados.
De tus celos inventados.
De esa pared de sentimientos falsos.
Me acordé de nuestras noches.
De tu miedo a mostrarte desnuda.
De la soledad en el sexo.
De la frialdad para el deseo.
Me acordé de nuestros días.
De la triste realidad que yo vivía.
De mi enojo repetido y callado
al ver la casa tan vacía.
Me acordé de ti.
De tus lágrimas cayendo aquella tarde.
Las que nunca creí que existían.
Y para ellas escribí estos versos.
Entonces reí,
reí tanto al verte derrotada.
Entonces viví
diciendo adiós para siempre a tus recuerdos.
Cadenas Gruesas
Puedo mirar la luz de un cielo pequeño.
Son mías, por un instante,
sus estrellas,
sus nubes lejanas que unidas copian
mis cadenas gruesas.
Son mías,
las sombras que pasan raudas,
las aves que de lo alto defecan.
Puedo mirar otros rostros cerca.
Mas mi llanto no miran, no sienten.
Se desganan, se van yendo con la última luz
de ese cielo lejano,
impedido,
quizás por mis cadenas gruesas,
quizás porque no lo vi nunca,
lo olvidé.
¡Oh Dios mío!
¡Cuánta justicia merecí!
Estando dentro el tiempo es el infierno.
Lo sabes tú, y te callas
¡Por qué!
Lo sabe el mundo inhumano que dejé.
Lo sabré yo si de las muñecas desprendo,
oxidadas,
mis únicas y verdaderas cadenas:
los años que siguen huyendo,
la desolación,
el miedo a la ingnorancia eterna.
Son mías, por un instante,
sus estrellas,
sus nubes lejanas que unidas copian
mis cadenas gruesas.
Son mías,
las sombras que pasan raudas,
las aves que de lo alto defecan.
Puedo mirar otros rostros cerca.
Mas mi llanto no miran, no sienten.
Se desganan, se van yendo con la última luz
de ese cielo lejano,
impedido,
quizás por mis cadenas gruesas,
quizás porque no lo vi nunca,
lo olvidé.
¡Oh Dios mío!
¡Cuánta justicia merecí!
Estando dentro el tiempo es el infierno.
Lo sabes tú, y te callas
¡Por qué!
Lo sabe el mundo inhumano que dejé.
Lo sabré yo si de las muñecas desprendo,
oxidadas,
mis únicas y verdaderas cadenas:
los años que siguen huyendo,
la desolación,
el miedo a la ingnorancia eterna.
lunes, 11 de enero de 2010
Lamina
Aún tras tu partida
canta el corazón, canta el alma
con la voz amarrada a la impotencia
al adiós involuntario del sueño.
Aún tras esperar un beso, solamente un beso,
un beso que no dijese el final nunca,
mis labios seguirían unidos a la suavidad horizontal
de tus labios.
Aún tras esperar de tus ojos una mirada similar,
el silencio circundando, el susurro de la brisa de un verano frente al mar.
Aun si todo esto no llegase
sería tan feliz gracias a ti
sería inmortal
canta el corazón, canta el alma
con la voz amarrada a la impotencia
al adiós involuntario del sueño.
Aún tras esperar un beso, solamente un beso,
un beso que no dijese el final nunca,
mis labios seguirían unidos a la suavidad horizontal
de tus labios.
Aún tras esperar de tus ojos una mirada similar,
el silencio circundando, el susurro de la brisa de un verano frente al mar.
Aun si todo esto no llegase
sería tan feliz gracias a ti
sería inmortal
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