domingo, 28 de marzo de 2010

Péndulo

Tengo un corazón de piedra y un alma de agua.
Con ellos enfrento al mundo.
Con ellos
y con mi soledad ansiada
me encierro en mi cuarto a llorar.

No río
si no es de vez en cuando, si puedo.
Hay veces en mis paredes oscuras
desde el sueño me dibujo una luz.

Y rezo
una plegaria al borde del alma
bajo una tormenta de inmisericorde y dolor
dejando atrás
sitios ajenos.

No es Dios, para mi, el que ordena y canta con sus ángeles.
No, ¡ y lo aseguro !
Porque no existe rajadura aún en la piedra
que me haga cambiar.

Hoy soy ese ente invisible
que se aparta de su universo circular
sobre la almohada dura
mirando a su familia cada vez menos.

Quisiera
tener en mi mano el revolver, la navaja
que me traslade a mi iluminado despertar.
Tener frío sin quedar horrorizado
al ver la sangre negra correr
de todas esas penas sobre mi apiladas.

Tengo un corazón de piedra, es cierto.
Tan pero tan insensible a todo.
Que hoy cuando abra la ventana de mi cuarto
respiraré del vacío.

Veré caer la lluvia, venir al sol
desde el cristal opacado de mis ojos
y ansiaré estar muerto
hundido en una alegría falsa llena de llanto
sosteniendo el Péndulo agitado
de mi alma de agua.

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