Tiene mi mano una Piedra Negra.
De castigo.
Un día alguien me la dio y se fue
por sólo ver al sol desde la orilla.
Desde entonces es el sol
esa esfera amarillenta que al anochecer desaparece,
una distorsionada silueta
dibujada en un papel frente a mi cuarto.
El cielo,
es una sabana roja que me cubre de recuerdos,
un desconocido criminado en la avenida,
la lágrima callada que he retenido en mi alma tanto tiempo.
El aire que respiro,
es nicotina barata que ingresa por mi ventana,
una masa negra y deforme
salida de tubos gigantezcos
junto a un intenso olor a pintura de base.
El mar,
es ese charco que ha dejado un perro al pie del poste,
una gota de lluvia en el cristal empañado
donde también puse mi rostro.
La rosa,
es ese tallo seco en el jardín de margaritas,
un leño viejo y humeante,
el verso que nunca terminé en la soledad.
Si, así es mi paisaje.
Mi mundo.
Negro.
Como la piedra que en mi mano existe.
Hay veces dudo mucho que quien me la dio vaya a volver.
La piedra, La piedra Negra...
No me odies, Dios mío, por cobarde.
Hoy no quiero ver al sol desde la orilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario